El Valor de Dos Maravillosos Consejeros





No tengo miedo a equivocarme al decir que esta conferencia fue sumamente especial para todos quienes la presenciaron. Un pensamiento básico podría afirmar que sería una conferencia sin mucho brillo al faltar el Profeta y uno de los Doce. No obstante, esta fue precisamente una de las cosas que la hizo muy especial al menos para mí.

Era la primera conferencia en que el Presidente Monson no estaba junto a sus compañeros en la obra. Y, al decir compañeros, quisiera enfocarme en esta ocasión, sólo a sus dos consejeros. Pude notar en ambos, Presidente Eyring y Presidente Uchtdorf, un sentimiento de aflicción por lo que estaban pasando, pero a la vez sentí una poderosa voz que salía de sus bocas, como nunca antes.

Hacía días que ambos consejeros habían ido "al rescate", en ayuda de miles de damnificados por los desastres naturales de huracanes y terremotos. Ellos dos, estaban demostrando el "Sacerdocio en Acción", pese a sus rodillas muchas veces cansadas y débiles. Ellos desde que fueron llamados, pero más aún desde que el Profeta ha estado amenazado por su salud, han redoblado sus fuerzas milagrosamente. Ellos dos han mostrado en sus rostros preocupación y cansancio, pero no ese cansancio que resulta en sólo querer descansar o abrumarse por tanta responsabilidad, sino ese cansancio que ejemplifica el amor puro de Cristo, para después ir y hacer más.

Tanto el día sábado como el domingo, vi en los ojos de ambos, mucha emoción, como si sus mensajes enteros fueran sellados con lágrimas de amor y de invitación a sostener a nuestros líderes como ellos lo estaban haciendo con el profeta.

Todo esto me hizo meditar en el valor de dos maravillosos consejeros. En lo reconfortante que es tener a dos consejeros que trabajan sin cansancio cuando el líder que los guía no está presente.

Me acordé de algunas palabras con las que el Presidente Gordon B. Hinckley enseñó sobre los consejeros. Él siempre comentaba que había sido muchas veces consejero. Lo fue en muchos quórumes antes de llegar a la Primera Presidencia. Incluso cuando llegó a la Primera Presidencia, que ya tenía dos consejeros, el fue llamado como consejero adicional, por lo que conocía perfectamente la función de quienes son llamados a brindar consejo para ministrar.


"Es indispensable que el presidente elija a sus consejeros, ya que es muy importante que haya entre ellos una buena relación; tiene que haber una absoluta confianza mutua; deben trabajar juntos con un espíritu de mutuo respeto... [Un consejero] es un ayudante del presidente. Sea cual sea la organización, la labor del presidente es pesada.", dijo. 

Creo que el Presidente Monson fue muy sabio al elegir a estos hombres. Su relación siempre ha sido de un respeto genuino, un afecto profundo, y su labor siempre ha estado en una sola visión hacia el futuro de la Iglesia, que les ha sido revelado por el Señor.

El presidente Hinckley también dijo: 
"Si el presidente es sabio, les asignara deberes particulares y les dará la libertad de llevarlos a cabo, haciéndolos responsables de lo que pase. Un consejero es un socio... Esta asociación es como una válvula de seguridad. El prudente escritor de los Proverbios nos dice que “en … [los] consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14). Cuando surgen problemas, cuando enfrentamos decisiones difíciles, es maravilloso poder contar con alguien con quien podamos hablar con confianza...En algunas circunstancias, un consejero puede actuar como representante de su presidente... La obra tiene que seguir adelante a pesar de las ausencias de un presidente, causadas por enfermedad, empleo u otros factores que el no pueda controlar."
Cuando vi pararse al Presidente Eyring para dar sus mensajes, lo noté investido de poder. Lo noté cansado también. Pero ver a alguien cansado e investido de poder, es como ver a alguien que esta habilitado a hablar con Autoridad, pues ha hecho con su poder todo lo que ha podido hacer, y aún más. Cuando lo veía y escuchaba en esta conferencia, me preguntaba interiormente ¿Cómo se sentirá el Presidente Eyring al estar sobre sus hombros tanta responsabilidad? ¿Estará pensando que si él no lo hace, quien más lo hará? ¿Se sentirá triste? Pero al seguir escuchándolo, confirmé que no estaba triste con su carga, y que sus aflicciones eran más producto de las cosas malas que han pasado en el mundo. Su mensaje era de esperanza. Su aflicción no se ha quedado alojada en el corazón, ni la ha expresado con amargura, sino que ha salido a tender la mano, a ministrar al afligido, a organizar la Iglesia en respuesta a muchas emergencias, y ha sabido ser un portavoz esencial en estos momentos en que su amado líder en la Presidencia, se encuentra limitado para ello.

Cuando vi al Presidente Uchtdorf, y lo escuche testificar, lo noté inusualmente más audaz que nunca en sus palabras. Fue certero y claro. Habló con la facilidad de comunicar que tenía Nefi, Mormón, o Pablo, con ese milagroso sonido sobrecogedor para las almas y a la vez con son de trompeta, con la misma voz del Señor. Sus ojos llorosos a cada rato, me decían "¿Seguirás el buen camino hasta el final como lo hizo nuestro amigo Élder Hales? ¿Trabajarás para siempre en la obra? ¿Darás tu máximo al Señor? Porque lo necesitamos, y lo necesitas tú. Cuento contigo." Más que escuchar sus palabras, o las historias que contaba, su diálogo vino desde su alma, y me llegó al corazón como una invitación que venía de Jesucristo mismo, diciéndo: "Ven, sígueme.".

En estos momentos en que como Iglesia estamos orando continuamente por nuestro profeta, sé que nos tranquiliza tener dos grandes líderes en quienes confiar absolutamente como portavoces del Señor para su Iglesia.

Invito a todos a orar también, en detalle, por el Presidente Eyring, y por el Presidente Uchtdorf, para que Nuestro Padre Celestial les llene del Espíritu para la renovación de sus cuerpos, para que sus familias sean bendecidas, para que perseveren hasta el fin siendo ejemplos de conducta, fe, amor y pureza. Y que sigamos sus maravillosos ejemplos en nuestros hogares y llamamientos: el ejemplo de dos maravillosos consejeros.


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