Relato para que Todos Leamos en Navidad o Nochebuena






Quizás no todos lo hagan, pero yo, desde que formé mi propia familia al casarme y tener nuestra primera hija, he decidido establecer la tradición familiar de leer cada Navidad o Nochebuena el relato del nacimiento de Jesús.

Creo que establecer tradiciones espirituales y darles más importancia que la compra y entrega de regalos, puede beneficiar a una persona, sobre todo si se hace en edad temprana.

Imagínense que nosotros sólo esperamos Navidad un año. Hubo muchas personas antes de Cristo que esperaron Navidad toda la vida. El advenimiento del Señor es algo de lo que se ha hablado desde milenios atrás, y desde la vida preterrenal. En Mosíah 13:33 leemos: "Todos los profetas que han profetizado desde el principio del mundo, ¿no han hablado ellos más o menos acerca de estas cosas?".
Así es. La venida de Jesús al mundo, es el evento más esperado en todo lo que ha sucedido. Por supuesto que la Expiación y su ministerio son lo más importante, pero esto no sería posible sin el nacimiento del Rey de Reyes.


Quisiera que reparáramos en el relato del segundo capítulo de Lucas que dice:



Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.
E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David,
para ser empadronado con María, su mujer, desposadacon él, la que estaba encinta.
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz.
Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños.
Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
10 Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:


11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
12 Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:
14¡Gloria a Dios en las alturas,y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15 Y aconteció que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron los unos a los otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.
16 Y vinieron deprisa y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.
18 Y todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

20 Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
A pesar de las humildes circunstancias de Su nacimiento, los profetas declararon que reyes vendrían a ver a Cristo: “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer” (Isaías 60:3).

Cinco años antes del nacimiento de Cristo, Samuel el Lamanita les habló a los nefitas acerca de las señales que anunciarían Su venida. Una de esas señales fue la estrella que siguieron los magos: “Y he aquí, aparecerá una estrella nueva, tal como nunca habéis visto; y esto también os será por señal” (Helamán 14:5).

Cumplimiento: Los magos supieron qué señal buscar, porque deben haber buscado el cumplimiento de las profecías. Ellos dijeron: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle” (Mateo 2:2).

En el nuevo mundo, los nefitas también reconocieron las señales y supieron que las profecías se habían cumplido: “Y habían acontecido, sí, todas las cosas, toda partícula, según las palabras de los profetas. Y aconteció también que apareció una nueva estrella, de acuerdo con la palabra” (3 Nefi 1:20–21).

Piensen en la alegría que sienten cuando finalmente abren los regalos de Navidad. ¿Cómo se compararía eso a haber estado esperando las señales del nacimiento de Cristo y finalmente verlas cumplirse? Nuestro Padre Celestial preparó esas señales con antelación, no sólo para que los fieles alrededor del mundo se regocijaran con el nacimiento de Su hijo, sino también para testificar del divino llamamiento de Cristo.

Nos sumamos a recordar siempre a Jesús, pero más aún en las épocas en que todos lo hacen, aunque sea por norma social, y dejar de cuestionarnos si realmente nació el 25 de diciembre, o si la Navidad es de origen pagano, etc. y en vez de ello, enfocar nuestras energías en celebrar el acontecimiento más positivo de la historia, el que haya venido el Salvador del mundo, imitando su ejemplo, iluminando el mundo con acciones bondadosas y dando muchos abrazos de amor a nuestras familias, y por qué no, a cualquier persona que podría estar necesitando el toque del Maestro, y si nosotros somos el medio para que sientan el amor de Cristo, cuanto mejor!

Quisiera invitar a todos, a pensar en Cristo hoy, durante el día, durante sus quehaceres, y que analicen sus vidas. ¿Están dando con bondad y sin interés? ¿Están comprando regalos sólo por compromiso? ¿Están afligidos por no tener regalos?
Quiero decirles que los regalos materiales son lo más secundario de la Navidad. Si bien Cristo cuando grande no hizo ninguna mención a los regalos que le dieron cuando nació, o cuando niño, seguramente así como sus padres, los aceptó. Sin embargo, cumplida su misión al darnos aquel Gran Regalo, Él no nos dio el mandato de llevarle oro, incienso o mirra. Tampoco de hacerlo entre nosotros. Lo que sí nos encomendó es a amarnos los unos a los otros como DIos nos ha amado. Nos pide entregarle un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Esa es la ofrenda correcta. Voluntad y cambio.

Hoy y mañana júntense en familia, y cenen juntos. Exprésense cariño. Abrácense. Felicítense. Agradezcan a sus padres y familiares por su dedicación. Llamen a algún amigo y deséenle alegrías y éxitos. Reconcíliense si tienen algo pendiente con alguno(a). ¡Qué mejor momento!
En resumidas cuentas, les invito más que nada a agradecer por todas las hermosas bendiciones que desde luego ya tienen. Y sométanse a la voluntad de Dios. Les prometo, con la seguridad de alguien que lo ha vivido enteramente, que seguirán recibiendo inimaginables dones y regalos desde el mismo Cielo.

¡Feliz Navidad para todos nuestros hermanos!

Hernán Felipe Toledo
Director Enlace Mormón


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