¿Está bien que alguien "No Bautizado" participe de la Santa Cena?




por Hernán Felipe Toledo

Hace un tiempo me hicieron esa pregunta y muchos me siguen preguntando lo mismo, así que en este artículo comentaré más de este tema.

Lo cierto es que buscando información oficial específica a modo de norma, no encontré nada. Sin embargo, para responder usaré algunas escrituras y algunos consejos de autoridades.

Siempre se nos ha enseñado que la Santa Cena tiene por objeto renovar el convenio bautismal. Por lo que si una persona no ha hecho tal convenio no debería tomar la santa cena. Algunos también han hecho la pregunta tras llevar a un amigo o familiar no miembro, quedando en la duda al explicarles si pueden también ellos comer y tomar del pan y del agua respectivamente.

El presidente James E. Faust, en 1972 en calidad de representante regional, respondió a la pregunta: "¿Es apropiado que un no miembro participe de la Santa Cena cuando lo invito a la iglesia?". Si bien esta no es una declaración oficial, podríamos tomarlo como lo más cercano a ello, puesto que viene del Presidente Faust, y fue publicado en una revista oficial de la iglesia. La respuesta dice:


"Durante la visita del Señor a los nefitas, él ordenó que el sacramento se diera "a todos los que crean y se bauticen en mi nombre" (3 Nefi 18:5) porque su sangre fue derramada "para todos los que creen en mi nombre" (TJS Mateo 24:29).

El sacramento es, por lo tanto, básicamente una renovación de aquellos convenios hechos en las aguas del bautismo. Es una renovación para aquellos que han tomado sobre sí el nombre y la causa de Jesús, aquellos que están tratando de dirigir sus vidas hacia la justicia personal en armonía con él.

Si bien el sacramento está destinado solo a los miembros de la Iglesia, la participación es una cuestión de conciencia individual, y siempre se debe tener cuidado de no ofender a los investigadores e invitados, al prohibirles participar. En la mayoría de los casos, los invitados entenderán que participar de la Santa Cena simboliza la membresía en la Iglesia."

Recordemos ahora lo que pasó en América, cuando Cristo compartió la Santa Cena. 

La escritura dice (3 Nefi 18:1-4): 

"Y aconteció que Jesús mandó a sus discípulos que le llevasen pan y vino.
Y mientras fueron a traer el pan y el vino, mandó a la multitud que se sentara en el suelo.
Y cuando los discípulos hubieron llegado con pan y vino, tomó el pan y lo partió y lo bendijo; y dio a los discípulos y les mandó que comiesen.
Y cuando hubieron comido y fueron llenos, mandó que dieran a la multitud.
Y ... la multitud comió y fue llena..."

A principios del año 34 según los años nefitas, ocurrió la muerte del Salvador. No obstante, su aparición y breve ministerio, durante el cual les instauró el sacramento, no ocurren sino a fines del mismo año. Aún cuando es una suposición, es muy probable que los que quedaron vivos tras las grandes transformación que sufrió la tierra, quienes eran los más justos, hayan sido bautizados, en una iglesia ya establecida, o al menos tenían una fe firme en el Salvador. Por eso el Salvador compartió la Santa Cena con toda la multidud.

Sin embargo el versículo que sigue (5) es clave:

"Y cuando la multitud comió y fue llena, dijo a los discípulos: He aquí, uno de vosotros será ordenado; y a él le daré poder para partir pan y bendecirlo y darlo a los de mi iglesia, a todos los que crean y se bauticen en mi nombre."

De esa manera inequívoca también delimitó quienes podrían y deberían participar de la Santa Cena.

Ahora bien, personalmente considero que hay dos extremos que podrían ser dañinos. 

1) Pensar que se le debe prohibir siempre a un no miembro la Santa Cena, sin si quiera explicársele, como si estuviera incapacitado de hacerlo, y 

2) pensar que como son no miembros y no tienen bautismo, entonces pueden tomar de la santa cena sin problemas, porque al final no les hará efecto.

Creo que ambas maneras de pensar son dañinas. En el primer caso, creo que las palabras sabias de Élder Faust lo dicen todo: "Si bien el sacramento está destinado solo a los miembros de la Iglesia, la participación es una cuestión de conciencia individual, y siempre se debe tener cuidado de no ofender a los investigadores e invitados, al prohibirles participar. En la mayoría de los casos, los invitados entenderán que participar de la Santa Cena simboliza la membresía en la Iglesia."
Con planificación y antelación se les puede enseñar a nuestros invitados que la Santa Cena es un evento sagrado, de hecho, el más sagrado en toda la iglesia, y que está reservado a miembros, pero no podemos prohibirles nada. Basta con enseñarles que es para quienes desean arrepentirse y seguir a Cristo, y que es un asunto de conciencia individual. Tal como dice Élder Faust: "los invitados entenderán". Y lo bueno es que entenderán sin ofenderse. Y si aún así toman la santa cena, será la decisión de ellos y no nuestra responsabilidad, pues ya se les habrá enseñado. Bajo ese sentido no es nada grave.

Y en el segundo caso, no debemos tampoco tratar la santa cena con tanta liviandad como para mejor decir: "no importa quien la tome, esté bautizado o no, si al final funciona sólo para miembros". No es un asunto de si funciona o no, sino de un propósito fundamental de renovación de convenios, y de para qué Cristo entregó la ordenanza. Es un acto sagrado. Además la instrucción de Jesús fue clarísima: "a todos los que crean y se bauticen en mi nombre."

Se ve explícitamente que el pan y el agua es para personas bautizadas, pero en mi comprensión personal, no sería fatal que participara alguien no bautizado, pero con la intención de hacerlo o de arrepentirse y seguir a Cristo, y quizás eso sea un acto de compromiso que le otorgue mayor conversión en su proceso de investigación en la iglesia. Pero eso ya es algo personal como se ha dicho, y no debe ser incentivado por nosotros los miembros.


Finalmente no puedo dejar de tocar un punto opuesto. Se trata sobre quienes sí o sí, no deberían participar nunca de la Santa Cena. Para ello me remitiré a 3 Nefi 18:28 y 29:

"Y he aquí, este es el mandamiento que yo os doy, que no permitáis que ninguno a sabiendas participe indignamente de mi carne y de mi sangre, cuando las administréis;
 porque quien come mi carne y bebe mi sangre indignamente, come y bebe condenación para su alma; por tanto, si sabéis que un hombre no es digno de comer y beber de mi carne y de mi sangre, se lo prohibiréis."

Este mandamiento es conciso y no puede ser tergiversado. Simplemente sea miembro o no, en otras palabras, esté participando para renovar su convenio bautismal, o sólo como acto de fe al no ser bautizado, si tal persona está en iniquidad, no debe participar, y no se le debe permitir hacerlo. Esto pareciera ser una instrucción que el Señor dio a sus doce discípulos, en el contexto en que se habla en tales versículos, por lo que la instrucción podría extenderse a los líderes pertinentes responsables de la administración del sacramento.

Como conclusión, cada persona, esté bautizada o no, debe estar preparada antes de enfrentarse al acto de comer del pan y tomar del agua. No debe ser algo espontáneo del momento, sino que le debe preceder un análisis introspectivo personal. Sea la persona miembro o no, debe saber de antemano que la santa cena que se le ofrecerá está dirigida a miembros de la iglesia. Sea bautizada o no, la persona debe cultivar una actitud de reverencia y santidad para tal santo acto.

Finalmente transcribo aquí un texto que apareció publicado en la Liahona de Marzo de 2012:

"Como sabes, la idea es que el pan y el agua de la Santa Cena son para los miembros a fin de que renovemos nuestros convenios bautismales. Sin embargo, no debemos hacer nada durante la reunión sacramental para impedir que quienes no sean miembros participen de la Santa Cena.

Es bueno invitar a la Iglesia a nuestros amigos y familiares que no sean miembros, y deseamos que se sientan bienvenidos y a gusto en nuestras reuniones. Sería útil prepararlos para la reunión sacramental al explicarles el propósito de la Santa Cena y lo que sucederá durante la reunión. Si preguntan si deben tomar la Santa Cena, sencillamente diles que tienen la opción de hacerlo, pero que la Santa Cena es para los miembros de la Iglesia, quienes mediante ella renuevan sus convenios bautismales.


Como lo ha expresado el élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles: “La ordenanza de la Santa Cena hace que la reunión sacramental sea la más sagrada e importante de la Iglesia” (“La reunión sacramental y la Santa Cena”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 17). Debemos ayudar a quienes no son miembros a entender esta importante ordenanza, asegurándonos también de que se sientan a gusto en nuestras reuniones."

Espero que nunca tratemos la participación en el servicio sacramental como algo pasajero y trivial, porque no lo es. Las bandejas y los jóvenes que las llevan representan la bondad del Señor al permitirnos la santificación mediante su cuerpo y sangre, que representan a su vez su  gran sacrificio expiatorio.


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