La Historia de Paula, hermana chilena que Sufrió Accidente en Utah




La historia
Paula está casada y es madre de 5 niños de 5 a 18 años de edad. Ella es la mayor de 7 y toda su familia vive en Chile. Fue una misionera en Argentina, donde ayudó a cientos de personas, especialmente aborígenes con sus huertos, higiene, salud, etc. Paula se casó con Alejandro en 1996 en Santiago, Chile, y luego se mudaron de vuelta a Utah para completar sus estudios universitarios. Paula es alegre, amigable, espontánea, loca, sincera, cariñosa, atenta, amable, valiente y amada por miles.
Paula tuvo un grave accidente automovilístico en Saratoga Springs, Utah, el 24 de noviembre de 2015. Ella fue trasladada al hospital IHC en Murray, Utah, luego fue trasladada a Promise Hospital de Salt Lake City donde estuvo 1 mes, después estuvo un año en Country Life Care Center, para finalmente regresar a casa el 14 de Marzo de 2017. Su estado fue muy grave con una perforación en el pulmón, cuello fracturado, y un traumatismo craneoencefálico muy grave, especialmente en el lado izquierdo de su cerebro, dejándola paralizada en su lado derecho de su cuerpo. Ella estuvo en coma durante casi 2 meses y ahora a pesar de que ella abre los ojos, no puede hablar, moverse, comer, etc., por sí misma. Sus lesiones cerebrales son extensas.
Hace poco, Alejandro compartió lo que ha sido su experiencia últimamente para él como esposo y padre de familia. Los sentimientos de aflicción, preocupación tocan el fondo de su corazón y el de sus seres queridos.
A continuación, su narración propia de los hechos:


Fue un invierno largo, sombrío y oscuro para Paula.
Muchos de sus amigos vinieron a visitarla y a saludarla durante su cumpleaños. La pasamos muy bien cantando, bailando y riendo. Sin embargo, días más tarde, Paula comenzó a tener fiebre y a experimentar los mismos síntomas que yo tenía, y que esperaba y oraba que ella no tuviera, ya que había sido diagnosticado con Influenza solo días antes. Mis síntomas desaparecieron después de una semana, pero los de Paula empeoraron a medida que pasaba el tiempo. Sus pulmones se debilitaron y requerían de oxígeno constantemente. Sus secreciones respiratorias aumentaron dramáticamente y tuvimos que succionarla con frecuencia y constantemente, varias veces por hora, día y noche. Tenía dificultad para respirar y tosía y se ahogaba regularmente. También desarrolló episodios en los que no podía respirar, se ponía morada y casi se desmayaba. Estábamos muy preocupados por su salud. La simple idea de llevarla de regreso al hospital me revolvía el estómago, ya que nuestra última estancia allí tomó casi 3 semanas de cuidados intensivos, múltiples médicos y malas prácticas de cuidado. Nuestra vecina compartió conmigo que su médico le recetó Tamiflu a toda su familia, así que le pedí al doctor de Paula que nos recetara ese medicamento también. Le dimos la medicina, sin embargo, Paula con el tiempo se debilitó aún más y se volvió menos alerta y receptiva con nosotros y con otros también, incluyendo a sus terapeutas. Los días eran largos; las noches aún más.
Paula y yo visitamos un Neumólogo porque su salud no mejoraba. Le hizo una serie de exámenes, pero los resultados no fueron claros. Le recetó medicina para disminuir sus secreciones y eso la ayudó a dormir por la noche y a no sentirse tan miserable durante el día. Paula también visitó un nuevo Fisiatra, Dr. Speed, quien realizó algunos exámenes y recomendó usar una mesa basculante para que ella pudiera ponerse de pie y así mejorar su presión sanguínea. También visitamos su Otorrino, Dr. Smith, para identificar por qué estaba teniendo esos episodios de asfixia, y si su traquea estaba colapsando. Él realizó una endoscopia y no encontró ninguna nueva granularidad, pero observó que continuaba aspirando saliva y secreciones. Recomendó posponer en forma indefinida la eliminación del tubo de traqueotomía, hasta que pudiera manejar sus secreciones por sí sola. Los terapeutas físicos, de habla y ocupacionales vinieron y trabajaron con Paula, pero debido a que ella había estado tan enferma y respondiendo muy mal, sólo siguió viniendo el terapeuta ocupacional. Las semanas se convirtieron en meses. Nos enfrentamos a más desafíos, especialmente con nuestro nuevo seguro de salud, pero con el tiempo Paula finalmente recibió la ayuda que necesitaba, incluyendo una enfermera de tiempo completo. Ya han pasado casi 3 semanas desde que Paula tiene la ayuda diaria de Sarah, nuestra nueva enfermera. Extrañamos a Brianna, nuestro angelito. Extrañamos su gran espíritu y enorme corazón, pero sabemos que está cumpliendo una obra aún mayor sirviendo al Señor como misionera en Colorado, y esperamos ansiosamente sus correos electrónicos semanalmente.
Fue un invierno largo, sombrío y oscuro para mi familia.
Mis hijos han estado luchando con la escuela y la vida en general. Benjamin acaba de cumplir 13 años y está reprobando todas sus clases en la escuela, a pesar de los ejercicios de tutores que han venido como voluntarios de la iglesia y nuestro vecindario para ayudarlo con sus deberes. Camila casi no tiene ninguna amiga desde que la transladé a su nueva escuela preparatoria, la Academia Preparatoria Maeser, y se siente muy sola. Jacob sigue luchando con la escuela, tratando de aprender a leer y escribir. Mis suegros también han estado enfermos y puedo ver que el estrés y el esfuerzo al cuidar a Paula están afectando su salud también, especialmente la de Patricia. Sin embargo, ella lo continúa haciendo, ya sea con lluvia o nieve, enferma o con salud. Ella es la madre perfecta. Sarah, nuestra nueva enfermera, llegó justo a tiempo para ayudarnos a aliviar su pesada carga.
Fue un invierno largo, sombrío y oscuro para mí.
No me gusta escribir cuando me siento mal o negativo, por lo que explica mi silencio aquí durante más de 3 meses, sin embargo creo que algunos de ustedes podrán beneficiarse de mis experiencias.
Durante los últimos meses, he estado luchando en contra de pensamientos negativos, y oscuros. Pensamientos de baja autoestima. Pensamientos de fracaso. Pensamientos de tener una vida, familia, y carrera profesional imperfecta. Venían de vez en cuando, pero casi siempre los domingos. ¿Por qué en domingo? Probablemente porque es el día en que hago mi auto reflexión, análisis retrospectivo y veo lo que he hecho, dicho o pensado durante la semana. Por desgracia, me había centrado en lo que había hecho mal. Mis defectos. Mis debilidades. Mis errores. Mis oportunidades perdidas. Mis pecados. Mi imperfección. También pensaba en Paula a menudo y lo que le pasó a ella, a mí, a los niños, a nuestra familia. Me dolía mucho. En mi debilidad, dejé que esos pensamientos negativos permanecieran por más tiempo de lo necesario y así se propagaron, para finalmente transformarse en un hábito diario. El hábito de sentir lástima por mí mismo. Fue agotador. Sentía dolor, dolor constante. Dolor por mis circunstancias, viendo lo que una vez tuve y que ahora ya no tenía. El dolor de los buenos y no tan buenos recuerdos con Paula, y los niños. El dolor de ver a mis hijos luchar con sus estudios, amigos, tentaciones, debilidades, testimonios, falta de su madre y un padre que se convirtió en un hombre gruñón e infeliz. Hubo tanto dolor que busqué diferentes maneras para aliviarlo. Leía las escrituras regularmente. Oraba todos los días. Asistía al templo semanalmente. También traté de hacer cosas divertidas con los niños, como ir al cine, pero el sentimiento volvía. Un recuerdo, una circunstancia, una conversación familiar y los pensamientos negativos volvían rápidamente y caía en el círculo vicioso nuevamente. Lloraba en la soledad de mi oficina en mi casa a menudo. A veces mientras trabajaba, entre reuniones, y a veces incluso durante reuniones, teniendo que apagar el micrófono para evitar despertar sospechas. A veces tarde por la noche, cuando todo el mundo estaba dormido, incluyendo a mi preciosa Paula. Sentía un dolor continuo.


Un día antes de la fiesta de cumpleaños de Paula, venía en camino a casa, mietras habia estado de viaje por trabajo, cuando empecé a sentirme enfermo. Traté de ignorarlo, pero después de 3 días de sentirme asi y cada vez peor, decidí ir al médico. El que finalmente confirmó que tenía Influenza. Inmediatamente me aislé de la familia para evitar contagiarlos. No podía comer, caminar, hablar e incluso pensar bien. Estaba muy débil, cansado y emocionalmente deprimido. Me quería morir, literalmente. Mi suegro me cuidó y dió comida a diario, ya que no sentía deseos de comer. Durante ese tiempo, estuve lidiando con el nuevo seguro de salud, tratando de reemplazar a médicos, terapeutas y proveedores, ya que mi empleador había cambiado de compañía de seguros en el año nuevo. Fue el peor momento para enfermarme, ya que necesitaba estar en el teléfono durante horas, día tras día, tratando de arreglar todo para Paula. Hubo tal oposición y una batalla cuesta arriba por parte del nuevo seguro que me sentía desalentado. Incluso las pequeñas cosas que daba por sentado ya no lo eran. Por ejemplo, el nuevo seguro no aprobó nuestro humidificador actual, que era silencioso y no necesitaba relleno de agua durante la noche, para reemplazarlo por un humidificador que parecía del siglo pasado. Hacía tanto ruido que despertaba a los niños que dormían en el segundo piso con sus puertas cerradas. Tenía que rellenar el receptáculo de agua cada 2 horas, así que eso significaba poco sueño y casi nada de descanso. Esto continuó así durante casi 3 semanas. Estaba agotado y no podía pensar debido a la falta de sueño, y a mi pobre salud. Un día, mientras todavía me sentía muy enfermo, recibí una llamada telefónica del administrador de casos del seguro diciendo que a pesar de tener el derecho a una enfermera de tiempo completo, iba a ser casi imposible aprobarlo, debido a esto y a lo otro. Recuerdo haberme sentido exhausto, triste y deprimido, que con lágrimas en los ojos, y dificultad al hablar, le dije que estaba harto, que ya no podía lidiar más con eso. La carga y las presiones del hogar, la familia, criar niños por mi cuenta, lidiando con sus constantes y numerosos problemas, las cargas financieras, teniendo que pagar miles de dólares en facturas médicas, la pobre salud de Paula, y el constante recordatorio de lo que había tenido antes, era tan inmenso y abrumador, que se me hacía casi imposible el seguir luchando. Además de todo eso, la constante oposición y los frecuentes obstáculos para pagar la atención básica de salud por parte suya, hacían que mi situación fuera insoportable, e insostenible, que no me daban ganas de seguir adelante. Hubo una gran pausa en el teléfono y en ese mismo momento, creo que finalmente se dió cuenta de lo que estaba pasando en mi vida. Me habló con una voz apacible y suave, y su actitud cambió del día a la noche. Me prometió que haría todo lo posible para ayudarme a conseguir lo que Paula necesitara, incluyendo el aprobar la contratación de una enfermera de tiempo completo. Ella guardó su promesa y continuó ayudando durante semanas, hasta que consiguió una enfermera 5 dias a la semana, 8 horas al día.
La depresión me ha acompañado durante toda mi vida de una manera u otra desde que tengo uso de razón. Desde que era pequeño ví a mi padre luchar con ella. Sin razón aparente o causa tangible, lo ví pasar por altibajos durante toda mi infancia y adolescencia. Era difícil de predecir. Fue devastador para él y afectó a todos los miembros de mi familia … incluyéndome a mí.
Después, supe de la lucha que mi tío tenía con una “enfermedad”, una “condición”. Aunque nunca lo ví triste, ví el dolor de mis padres, al tratar de ayudarlo con su gran carga. Un día él estaba con nosotros, al día siguiente, ya no estaba. Fue confuso. Fue atemorizante.¿Por qué su enfermedad nos lo arrebató?
Luego, durante años ví a mi querida esposa paralizada, tanto mental como físicamente debido a la depresión. Llegó en momentos de felicidad, o en tiempos de tristeza. No importaba. Ella dolía. Ella sufría. Ella agonizaba. Una vez más, afectó a mis hijos y a mí.
Más tarde, un día, sin invitación, tocó la puerta de mi hijo. Sufrió en silencio durante un tiempo, hasta que no pudo aguantar más. Ella afectó sus amistades. Su educación. Su fe. Su vida. Fue destructiva para él y para nosotros. Él sufrió. Yo sufrí. Yo sufro.
Por último, un día me tocó con su fría mano. Con sus tentáculos penetrantes me abrazó y me ahorcó. Fue terrible. Fue horrible. Me sentí desesperado. Me sentí completamente sólo.
Mucha gente, incluyéndome a mí, pensaba o decía:
“Puedes luchar en contra de ella”
“Está sólo en tu mente”
“Cuenta tus bendiciones”
“Tienes que orar un poco más”
“No necesitas un médico”
“No estás solo”
“Si fueras una buena persona, no te sentirías así”
“¿No puedes verlo?”
“¡Vamos, dale!”
“¡Ya Basta!”
"No seas egoísta. Piensa en tus hijos"
Las dificultades y tribulaciones tienen un poder destructivo y redimidor a la vez. He experimentado ambos lados de su moneda. Ha sido tan destructivo que hubiera deseado no haber nacido. Sin embargo, debido a que sus tentáculos me han llevado "a la hiel de la amargura" y a las profundidades de la humildad, también me ha obligado a mirar hacia adentro y hacia arriba. Me ha obligado a estudiar mi esencia y descubrir quién soy y quién he sido hasta ahora. Hace unas semanas, mientras asistía al templo, reflexionaba sobre su simbolismo. A menudo hago eso, sin embargo esta vez fue diferente. Meditaba sobre simbolismos en mi propia vida. Pensé en el accidente de Paula y la razón por la que no podía hablar. En esos momentos mis ojos espirituales fueron abiertos. Me di cuenta de que tal vez la razón por la que ella no podía hablar era porque yo no la había escuchado lo suficiente cuando estaba sana. No presté suficiente atención a sus consejos. No presté suficiente atención a su corrección. No le hice caso cuando decía que era demasiado directo o demasiado duro con ella al corregirla. Tal vez no escuché lo suficiente cuando me decía que estaba cansada de sentirse triste o deprimida todo el tiempo. Tal vez no escuché lo suficiente, porque no quería hacerlo. Tal vez porque era muy difícil, o demasiado doloroso. Después reflexioné de por qué Paula no podía moverse, especialmente porque no podía mover su lado derecho. Me pregunté si la razón porque ella no podía mover su lado derecho era porque yo no la consideraba mi socia, mi compañera. Tal vez no la traté como a mi igual al trabajar lado a lado, pero la traté como si fuera mi hija, alguien a quien necesitaba enseñar y disciplinar. Pensé en Eva y cómo fue creada de una de las costillas de Adán. ¿Por qué? Porque se suponía que tenía que ser igual a él. Ella trabajaba junto a su compañero.
Paula era jovial e irreverente. Era divertida y ruidosa. Era intensa e irrespetuosa. Me enamoré de ella en su totalidad. Al pasar el tiempo comencé a separarla, la Paula buena, de la no tan buena, y después me centré en corregir a la Paula no tan buena. Tal vez ella no puede mover su lado derecho porque yo necesitaba aprender esta gran lección. Me duele el darme cuenta de que haya sido o pueda seguir siendo como Saúl de Tarso: farisaico, estricto, inflexible, duro, directo, con poco amor y compasión, orgulloso, impaciente. Espero que algún día pueda ser "como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente infligir sobre él, tal como un niño se somete a su padre". Ruego para que algún día pueda llegar a ser como Pablo, el apóstol, y decir:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.
Fue un invierno largo, sombrío y oscuro, pero valió la pena. Valió la pena.
Sinceramente,
Ale
Pueden seguir el avance de Paula a través de su cuenta en Facebook Pray for Paula




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